martes, 12 de febrero de 2013

Alimentación y salud


Los cereales, las frutas carnosas, las oleaginosas y las legumbres constituyen el alimento escogido para nosotros por el Creador.  Preparados del modo más sencillo y natural posible, son los comestibles más sanos y nutritivos.  Comunican una fuerza, una resistencia y un vigor intelectual que no pueden obtenerse de un régimen alimenticio más complejo y estimulante.

Pero no todos los alimentos sanos de por si convienen igualmente a nuestras necesidades en cualquier circunstancia.  Nuestro alimento debe escogerse con mucho cuidado.  Nuestro régimen alimenticio debe adaptarse a la estación del año, al clima en que vivimos y a nuestra ocupación.  Algunos alimentos que convienen perfectamente a una estación del año o en cierto clima, no convienen en otros.  También sucede que ciertos alimentos son los más apropiados para diferentes ocupaciones.  Con frecuencia el alimento que un operario manual o bracero puede consumir con provecho no conviene a quien se entrega a una ocupación sedentaria o a un trabajo mental intenso.  Dios nos ha dado una amplia variedad de alimentos sanos, y cada cual debe escoger el que más convenga a sus necesidades, conforme a la experiencia y a la sana razón. 
La abundancia de frutas, oleaginosas y cereales que nos proporciona la naturaleza es grande, y año tras año se acrecienta la facilidad de comunicaciones que permite el intercambio de productos de un país con otro.  Como resultado, muchos alimentos que hace pocos años se consideraban lujos están hoy al alcance de todos para el consumo diario.  Esto sucede principalmente con las frutas desecadas y las puestas en conserva. 
Las oleaginosas [nueces, avellanas, almendras, maní o cacahuete] y sus derivados van substituyendo en gran medida a la carne.  Con ellas pueden combinarse cereales, frutas carnosas y varias raíces, para constituir alimentos sanos y nutritivos; pero hay que tener cuidado de no incluir una proporción demasiado elevada de oleaginosas.  Es posible que aquellos a quienes no les sienta bien su consumo vean subsanarse la dificultad si prestan atención a esta advertencia.  Debe recordarse también que algunas no son tan sanas como otras.  Las almendras, por ejemplo, son mejores que los cacahuetes (maníes), pero no obstante éstos también son nutritivos y de fácil digestión si se toman en pequeñas cantidades y mezclados con cereales.


Convenientemente preparadas, las aceitunas, lo mismo que las oleaginosas, pueden reemplazar la mantequilla y la carne.  El aceite tal como se ingiere en la aceituna, es muy preferible al aceite animal y a la grasa.  Es laxante.  Su uso beneficiará a los enfermos de consunción y podrá curar o aliviar las inflamaciones del estómago.
Las personas acostumbradas a un régimen fuerte y muy estimulante tienen el gusto pervertido y no pueden apreciar de buenas a primeras un alimento sencillo.  Se necesita tiempo para normalizar el gusto y para que el estómago se reponga del abuso.  Pero los que perseveren en el uso de alimentos sanos, los encontrarán sabrosos al cabo de algún tiempo.  Podrán apreciar su sabor delicado y los comerán con deleite, en preferencia a las golosinas malsanas.  Y el estómago, en condición de salud, es decir, ni febril ni recargado, desempeñará fácilmente su tarea.

Fuente: Ellen G. White, "El ministerio de Curación", Asociación Casa Editoria Sudamericana, pág.  229 y 230.

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