miércoles, 8 de agosto de 2012

La necesidad de ejercicio, aire puro y luz solar


La principal razón, si no la única, por la que muchos se transforman en inválidos es que la sangre no circula libremente, y los cambios del líquido vital, necesarios para la vida y la salud, no se realizan. No han dado ejercicio a sus cuerpos ni alimento a sus pulmones, que es el aire puro y fresco; por lo tanto, es imposible vitalizar la sangre, la que sigue su curso perezosamente por el organismo. Cuanto más ejercicio hagamos, mejor será la circulación de la sangre.
Más gente muere por falta de ejercicio que por exceso de fatiga; son más los que se echan a perder por el ocio que por el ejercicio.  Los que se acostumbran a hacer ejercicio apropiado al aire libre, generalmente tienen una buena y vigorosa circulación. Dependemos más del aire que respiramos que de los alimentos que ingerimos.  Los hombres y las mujeres jóvenes y mayores, que desean tener buena salud, y que les gustaría tener una vida activa, debieran recordar que no pueden tenerlas sin una buena circulación.  Cualquiera que sea su ocupación o inclinación, debieran decidirse a ejercitarse al aire libre todo lo posible.  Debieran considerar que es un deber religioso superar el estado de salud que los ha mantenido confinados en el interior de sus casas, privados del ejercicio al aire libre.
Algunos inválidos llegan a obstinarse en este asunto y se niegan a aceptar la gran importancia del ejercicio diario al aire libre, por el cual pueden obtener una provisión de aire puro.  Por temor de tomar frío, persisten, año tras año, en hacer su voluntad y vivir en un ambiente sin vitalidad.  Es imposible para esta clase de personas tener una circulación saludable.  El organismo completo sufre por falta de ejercicio y aire puro.  La piel se debilita y se vuelve más sensible a cualquier cambio atmosférico.  Se ponen ropa adicional y aumentan el calor de las habitaciones.  El día siguiente requieren un poco más de calor y un poco más de ropa para sentirse perfectamente abrigados; y así su estado anímico se altera con los cambios, hasta que tienen muy poca vitalidad para soportar el frío.
Algunos preguntan: "¿Qué haremos? ¿Quiere que pasemos frío?" Si agregáis ropa, que sea muy poca, y haced ejercicio, si es posible, para recuperar el calor que necesitáis.  Si realmente no podéis hacer ningún ejercicio activo, calentaos junto al fuego; pero tan pronto como entréis en calor, quitaos la ropa extra y alejaos del fuego.  Si los que pueden, se ocuparan de una labor activa para apartar los pensamientos de sí mismos, generalmente se olvidarían de que sentían frío y no se perjudicarían.  Debierais bajar la temperatura de vuestra habitación tan pronto como hayáis recuperado vuestro calor habitual. Para los inválidos que tienen los pulmones débiles, nada es peor que un ambiente muy caliente.

Fuente: Ellen White, Consejos sobre  la salud, Casa Editora Sudamericana, pág. 171 y 172


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