martes, 21 de agosto de 2012

La carne como alimento

La carne no fue nunca el mejor alimento; pero su uso es hoy día doblemente inconveniente, ya que el número de los casos de enfermedad aumenta cada vez más entre los animales.  Los que comen carne y sus derivados no saben lo que ingieren.  Muchas veces si hubieran visto los animales vivos y conocieran la calidad de su carne, la rechazarían con repugnancia.  Continuamente sucede que la gente come carne llena de gérmenes de tuberculosis y cáncer.  Así se propagan estas enfermedades y otras también graves. (1) 

Efectos que no se comprueban inmediatamente.


Los efectos de una alimentación con carne no se advierten tal vez inmediatamente; pero esto no prueba que esa alimentación carezca de peligro.  Pocos se dejan convencer de que la carne que han comido es lo que envenenó su sangre y canso sus dolencias.  Muchos mueren de enfermedades debidas únicamente al uso de la carne, sin que nadie sospeche la verdadera causa de su muerte. (2)


Es un error suponer que la fuerza muscular dependa de consumir alimento animal, pues sin él las necesidades del organismo pueden satisfacerse mejor y es posible gozar de salud más robusta.  Los cereales, las frutas, las oleaginosas y las verduras contienen todas las propiedades nutritivas para producir buena sangre.  Estos elementos no son provistos tan bien ni de un modo tan completo por el régimen de carne.  Si la carne hubiera sido de uso indispensable para dar salud y fuerza, se la habría incluido en la alimentación indicada al hombre desde el principio.
A menudo, al dejar de consumir carne, se experimenta una sensación de debilidad y falta de vigor.  Muchos insisten en que esto prueba que la carne es esencial; pero se la echa de menos porque es un alimento estimulante que enardece la sangre y excita los nervios... 

Cuando se deja la carne, hay que sustituirla con una variedad de cereales, frutas oleaginosas, legumbres, verduras y frutas nutritivas y agradables al paladar.  Esto es particularmente necesario al tratarse de personas débiles o que estén recargadas de continuo trabajo. (3) 

Fuente

Ellen White en: 
(1) El ministerio de curación, Casa Editora Sudamericana, pág. 241
(2) El ministerio de curación, Casa Editora Sudamericana, pág. 242
(3) Conducción del niño, Casa Editora Sudamericana, pág. 361

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